Por Rosalina Contreras

(Escrito 10/27/2005)

Aún tengo vivo el recuerdo

de cúando deje a mi viejita

sentada en su amaquita

llorando en su pañuelo

La perra ladraba abatida

sintiendo ya mi partida

y tomando yo mi mochila

comenzé la despedida

Dejé atrás mi ranchito

que me vió de muchachito

ayudarle a mis viejitos

trabajando en el campito.

Cruzé el Río Grande muy frio

con su corrient furiosa;

atravesé el desierto soleado

sin una sombra piadosa.

El “coyote Mano Dura”

caminaba y no paraba

mientras yo me desmayaba

pensando en mi lindo solar.

Bebiendo mi agüita despacio

llegamos a un lugar

donde la peste y las ratas

me hacían retorcionar.

Allí me dejaron solo

muchos días sin contar,

hasta que una tarde fría

me vinieron a buscar.

Llegué a Los Angeles de día,

buscaba a una hermana mía

pero allí donde ella vivía

otras personas habían.

?Qué pasó, hermana mía

porqué te fuiste de allí

sabiendo que yo venía

tú ya no estás aquí?

Seguí mi camino adelante

y me transporté a Sacramento

dónde ahora me encuentro

Cantando mi triste Lamento.

fin.